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# 9 Poemas de Amado Nervo que Debes Conocer
**Autor: 吉祥法师**
Amado Nervo (1870-1919) se erige como una de las figuras más representativas del modernismo literario latinoamericano. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, quienes solían plasmar en sus obras un profundo sentimiento de dolor y melancolía, Nervo optó por una mirada profundamente positiva y esperanzadora hacia la vida. Su producción poética se distingue por una constante búsqueda de la espiritualidad, una reflexión serena sobre la existencia humana, una conexión íntima con la naturaleza y una exploración del amor en sus múltiples facetas. A continuación, se presentan nueve de sus poemas más emblemáticos, acompañados de un análisis detallado que permite comprender la riqueza de su legado literario.
## El día que me quieras
*El día que me quieras tendrá más luz que junio;*
*la noche que me quieras será de plenilunio,*
*con notas de Beethoven vibrando en cada rayo*
*sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas*
*que en todo el mes de mayo.*
*Las fuentes cristalinas irán por las laderas*
*saltando cristalinas el día que me quieras.*
*El día que me quieras, los sotos escondidos*
*resonarán arpegios nunca jamás oídos.*
*Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras*
*que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.*
*Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,*
*luciendo golas cándidas, irán las margaritas*
*por montes y praderas, delante de tus pasos,*
*el día que me quieras...*
*Y si deshojas una, te dirá su inocente*
*postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!*
*Al reventar el alba del día que me quieras,*
*tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,*
*y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,*
*florecerán las místicas corolas de los lotos.*
*El día que me quieras será cada celaje*
*ala maravillosa; cada arrebol, miraje*
*de "Las Mil y una Noches"; cada brisa un cantar,*
*cada árbol una lira, cada monte un altar.*
*El día que me quieras, para nosotros dos*
*cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.*
En este poema, Nervo despliega una idealización del encuentro amoroso que evoca el influjo romántico. La correspondencia amorosa de la mujer amada se convierte en el detonante que transforma radicalmente la percepción del mundo. El poeta utiliza una acumulación de imágenes paradisíacas para transmitir la intensidad de lo que significa estar enamorado. Cada elemento de la naturaleza se magnifica: la luz del día supera la del mes de junio, las noches se llenan de luna llena, las flores brotan en abundancia y hasta los tréboles adquieren la rareza de cuatro hojas. La referencia al beso final como contenedor de la "beatitud de Dios" revela la dimensión casi divina que adquiere el amor correspondido, convirtiendo la experiencia amorosa en un estado de gracia suprema.
## Madrigal
*Por tus ojos verdes yo me perdería,*
*sirena de aquellas que Ulises, sagaz,*
*amaba y temía.*
*Por tus ojos verdes yo me perdería.*
*Por tus ojos verdes en lo que, fugaz,*
*brillar suele, a veces, la melancolía;*
*por tus ojos verdes tan llenos de paz,*
*misteriosos como la esperanza mía;*
*por tus ojos verdes, conjuro eficaz,*
*yo me salvaría.*
Este madrigal ejemplifica la estética modernista en su máxima expresión. Nervo recurre a la mitología clásica al comparar a la mujer deseada con las sirenas que hechizaron a Ulises en *La Odisea*. Los ojos verdes funcionan como un elemento central que oscila entre el peligro y la salvación. Por un lado, el poeta afirma que se perdería por ellos, cediendo al poder hipnótico de la mirada; por otro, los mismos ojos se convierten en un "conjuro eficaz" que permitiría su salvación. La musicalidad del poema, característica fundamental del modernismo, se logra mediante la repetición rítmica del verso inicial y la alternancia de imágenes que evocan tanto la melancolía como la paz. Los ojos, "espejos del alma", se presentan como instrumentos de seducción tan poderosos que determinan el destino del hablante.
## En Paz
*Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,*
*porque nunca me diste ni esperanza fallida,*
*ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;*
*porque veo al final de mi rudo camino*
*que yo fui el arquitecto de mi propio destino;*
*que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,*
*fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:*
*cuando planté rosales, coseché siempre rosas.*
*Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:*
*¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!*
*Hallé sin duda largas las noches de mis penas;*
*mas no me prometiste tan sólo noches buenas;*
*y en cambio tuve algunas santamente serenas...*
*Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.*
*¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!*
Considerado uno de los poemas más emblemáticos de Nervo, "En Paz" funciona como una suerte de epitafio poético escrito pocos años antes de su muerte. En él, el autor realiza un balance existencial marcado por la gratitud y la aceptación. La vida es personificada como una interlocutora a la que se bendice por todas las experiencias vividas, tanto las dulces como las amargas. La metáfora del "arquitecto de mi propio destino" revela una filosofía estoica donde el individuo asume la responsabilidad de sus acciones y sus consecuencias. El poeta reconoce que la vida no prometió eternidad ni felicidad constante, y en esa conciencia radica su paz interior. El verso final, "¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!", resume una actitud de reconciliación plena con la existencia, donde la muerte no se teme porque la vida ya ha sido vivida en plenitud.
## A una francesa
*El mal, que en sus recursos es proficuo,*
*jamás en vil parodia tuvo empachos:*
*Mefistófeles es un cristo oblicuo*
*que lleva retorcidos los mostachos.*
*Y tú, que eres unciosa como un ruego*
*y sin mácula y simple como un nardo,*
*tienes trágica crin dorada a fuego*
*y amarillas pupilas de leopardo.*
Este poema se inscribe dentro de la tradición modernista de la *femme fatale*, figura que oscila entre lo angelical y lo demoníaco. Nervo emplea el preciosismo, un refinamiento extremo del lenguaje que caracteriza al movimiento, utilizando palabras poco comunes en el habla cotidiana como "proficuo" (ventajoso) y "mácula" (mancha o defecto). La mujer es presentada como una dualidad fascinante: por un lado, es "unciosa como un ruego" y "simple como un nardo", evocando pureza y devoción; por otro, posee una "trágica crin dorada a fuego" y "amarillas pupilas de leopardo", sugiriendo peligro y ferocidad. La referencia a Mefistófeles, el demonio del *Fausto* de Goethe, establece un paralelismo entre la mujer y el diablo, convirtiéndola en una criatura atrayente pero potencialmente destructiva. Esta ambivalencia refleja la visión modernista de la mujer como un ser complejo que puede ser tanto fuente de inspiración como de perdición.
## Identidad
*El que sabe que es uno con Dios, logra el Nirvana:*
*un Nirvana en que toda tiniebla se ilumina;*
*vertiginoso ensanche de la conciencia humana,*
*que es sólo proyección de la Idea Divina*
*en el Tiempo...*
*El fenómeno, lo exterior, vano fruto de la ilusión,*
*se extingue: ya no hay pluralidad,*
*y el yo, extasiado, abísmase por fin en lo absoluto,*
*¡y tiene como herencia toda la eternidad!*
La búsqueda espiritual constituye uno de los ejes centrales de la obra de Nervo, quien en su juventud realizó estudios eclesiásticos sin llegar a completarlos. Este poema revela una fascinante síntesis entre la tradición cristiana y la filosofía budista. La idea del Nirvana, concepto central del budismo que representa la liberación del sufrimiento y el ciclo de reencarnaciones, se fusiona con la noción cristiana de unión con Dios. Nervo propone que el verdadero conocimiento de sí mismo implica reconocer la identidad esencial con lo divino. Una vez que se alcanza esta comprensión, la ilusión de la pluralidad y la individualidad se disuelve, y el "yo" se funde en lo absoluto, heredando la eternidad. Esta perspectiva refleja una espiritualidad inclusiva y sincrética que caracteriza el pensamiento del poeta mexicano.
## La puerta
*Por esa puerta huyó, diciendo: «¡Nunca!»*
*Por esa puerta ha de volver un día...*
*Al cerrar esa puerta, dejó trunca*
*la hebra de oro de la esperanza mía.*
*Por esa puerta ha de volver un día.*
*Cada vez que el impulso de la brisa,*
*como una mano débil, indecisa,*
*levemente sacude la vidriera*
* palpita más aprisa, más aprisa*
*mi corazón cobarde que la espera.*
*Desde mi mesa de trabajo veo*
*la puerta con que sueñan mis antojos,*
*y acecha agazapado mi deseo*
*en el trémulo fondo de sus ojos.*
*¿Por cuánto tiempo, solitario, esquivo*
*he de aguardar con la mirada incierta*
*a que Dios me devuelva compasivo*
*a la mujer que huyó por esa puerta?*
*¿Cuándo habrán de temblar esos cristales*
*empujados por sus manos ducales*
*y, con su beso ha de llegarme ella,*
*cual me llega en las noches invernales*
*el ósculo piadoso de una estrella?*
*¡Oh, Señor!, ya la pálida está alerta:*
*¡oh, Señor, cae la tarde ya en mi vía*
*y se congela mi esperanza yerta!*
*¡Oh, Señor, haz que se abra al fin la puerta*
*y entre por ella la adorada mía!*
*...¡Por esa puerta ha de volver un día!*
En este poema, Nervo demuestra su obsesión por la perfección formal, rasgo distintivo del modernismo. La puerta funciona como un motivo central que se repite constantemente, estructurando todo el poema en torno a la posibilidad del retorno de la amada. El objeto cotidiano se transforma en un símbolo cargado de significado, representando tanto la separación como la esperanza de reencuentro. La mujer perdida se convierte en una obsesión que persigue al hablante en sus actividades diarias, desde su mesa de trabajo hasta los momentos de descanso. El poema avanza desde la certidumbre inicial del retorno ("Por esa puerta ha de volver un día") hasta la súplica desesperada dirigida a Dios, para finalmente retomar la afirmación con la que comenzó. Esta estructura circular refuerza la idea de una esperanza inquebrantable que persiste a pesar del paso del tiempo y la incertidumbre.
## Éxtasis
*Cada rosa gentil ayer nacida,*
*cada aurora que apunta entre sonrojos,*
*dejan mi alma en el éxtasis sumida...*
*¡Nunca se cansan de mirar mis ojos*
*el perpetuo milagro de la vida!*
*Años ha que contemplo las estrellas*
*en las diáfanas noches españolas*
*y las encuentro cada vez mas bellas.*
*Años ha que en el mar, conmigo a solas,*
*de las olas escucho las querellas,*
*y aun me pasma el prodigio de las olas!*
*Cada vez hallo la Naturaleza*
*más sobrenatural, más pura y santa,*
*Para mí, en rededor, todo es belleza;*
*y con la misma plenitud me encanta*
*la boca de la madre cuando reza*
*que la boca del niño cuando canta.*
*Quiero ser inmortal, con sed intensa,*
*porque es maravilloso el panorama*
*con que nos brinda la creación inmensa;*
*porque cada lucero me reclama,*
*diciéndome, al brillar: «Aquí se piensa,*
*también aquí se lucha, aquí se ama».*
Frente a otros poetas modernistas que exploraban la melancolía y la angustia existencial, Nervo elige celebrar la belleza del mundo natural como una fuente inagotable de asombro y éxtasis. Cada elemento de la naturaleza, desde la rosa recién nacida hasta las estrellas contempladas durante años, se presenta como un "perpetuo milagro" que mantiene viva la capacidad de asombro del poeta. La experiencia acumulada no disminuye el encanto, sino que lo intensifica: las estrellas son cada vez más bellas, las olas siguen siendo un prodigio. La naturaleza adquiere una dimensión "sobrenatural, más pura y santa", sugiriendo una conexión espiritual profunda. En un giro conmovedor, el poeta equipara la belleza de una madre rezando con la de un niño cantando, demostrando que la capacidad de apreciar lo maravilloso reside tanto en lo sagrado como en lo cotidiano. El deseo de inmortalidad surge precisamente de la belleza del mundo que nunca se agota.
## Renunciación
*¡Oh, Siddharta Gautama!, tú tenías razón:*
*las angustias nos vienen del deseo;*
*el edén consiste en no anhelar, en la renunciación*
*completa, irrevocable, de toda posesión;*
*quien no desea nada, dondequiera está bien.*
*El deseo es un vaso de infinita amargura,*
*un pulpo de tentáculos insaciables,*
*que al par que se cortan, renacen para nuestra tortura.*
*El deseo es el padre del esplín, de la hartura,*
*¡y hay en él más perfidias que en las olas del mar!*
*Quien bebe como el Cínico el agua con la mano,*
*quien de volver la espalda al dinero es capaz,*
*quien ama sobre todas las cosas al Arcano,*
*¡ése es el victorioso, el fuerte, el soberano...*
*y no hay paz comparable con su perenne paz!*
Este poema constituye una declaración filosófica que refleja la profunda influencia del pensamiento oriental en la obra de Nervo. La invocación a Siddharta Gautama, el Buda histórico, establece un diálogo entre la tradición occidental y la sabiduría oriental. El poeta adopta la premisa budista de que el deseo es la raíz de todo sufrimiento. La metáfora del deseo como un "vaso de infinita amargura" y un "pulpo de tentáculos insaciables" ilustra gráficamente la naturaleza insaciable de la voluntad humana. Cada deseo satisfecho da lugar a otro nuevo, creando un ciclo interminable de insatisfacción. La solución propuesta es la renunciación completa, la renuncia a toda posesión material y afectiva. El poeta sugiere que la verdadera libertad y la paz duradera solo se alcanzan cuando se logra trascender el deseo, una idea que resuena tanto con el budismo como con algunas corrientes del estoicismo clásico.
## Via, Veritas et Vita
*Ver en todas las cosas de un espíritu incógnito*
*las huellas; contemplar sin cesar en las diáfanas*
*noche misteriosas, la santa desnudez de las estrellas...*
*¡Esperar! ¡Esperar! ¿Qué? ¡Quién sabe!*
*Tal vez una futura y no soñada paz...*
*Sereno y fuerte, correr esa aventura sublime*
*y portentosa de la muerte.*
*Mientras, amarlo todo, y no amar nada,*
*sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas;*
*cuidar de que en el áspera jornada*
*no se atrofien las alas, ni oleada*
*de cieno vil ensucie nuestras plumas.*
*Alma: tal es la orientación mejor, tal es el instintivo*
*derrotero que nos muestra un lucero interior.*
*Aunque nada sepamos del destino,*
*la noche a no temerlo nos convida.*
*Su alfabeto de luz, claro y divino,*
*nos dice: «Ven a mí: soy el Camino,*
*la Verdad y la Vida».*
El título de este poema, que significa "El Camino, la Verdad y la Vida", proviene del Nuevo Testamento, específicamente de las palabras pronunciadas por Jesús durante la Última Cena. Hacia el final de su vida, Nervo retornó al cristianismo después de una extensa búsqueda espiritual que lo había llevado a explorar diversas tradiciones. El poema refleja una actitud de fe renovada y serena aceptación de lo desconocido. La muerte se presenta como una "aventura sublime y portentosa" que debe enfrentarse con serenidad y fortaleza. Mientras tanto, la vida terrenal debe vivirse con una actitud de desapego y bondad: "amarlo todo, y no amar nada", una paradoja que sugiere un amor universal desprovisto de apegos egoístas. La imagen final de la noche que habla con "un alfabeto de luz, claro y divino" ofrece una visión esperanzadora donde la incertidumbre del destino se transforma en una invitación a confiar en el camino espiritual.
Los nueve poemas aquí presentados ofrecen una visión completa del universo poético de Amado Nervo. Desde la idealización del amor en "El día que me quieras" hasta la serena aceptación de la muerte en "En Paz", pasando por la exploración de la espiritualidad en "Identidad" y "Via, Veritas et Vita", la obra del poeta mexicano se caracteriza por una mirada profundamente positiva hacia la existencia. Su capacidad para fusionar tradiciones culturales y religiosas diversas, su búsqueda constante de belleza y perfección formal, y su convicción de que la vida, a pesar de sus dificultades, merece ser vivida y celebrada, lo convierten en una voz única dentro del modernismo latinoamericano. Nervo nos invita a contemplar el mundo con asombro, a buscar la paz interior a través de la renunciación y a enfrentar la muerte con la certeza de que, como él mismo escribió, al final del camino, podemos decir: "Vida, nada me debes. Vida, estamos en paz".